jueves, 19 de enero de 2017

LECCIONES PARA MUTANTES

LECCIONES PARA MUTANTES


La mosca comprende que los deseos carnívoros de la araña se deben en realidad a una esencial necesidad de energía y, perdiendo el miedo, acepta sacrificarse. La araña, aprendiendo a ponerse en el lugar de la mosca, decide renunciar a la caza, aunque eso la haga morir de hambre.
En un momento dado, convertidos en individuos persistentes y sin nada auténtico, no soportando ya más el tedio ni la angustia, comprendemos que sólo podremos llegar a ser nosotros mismos si nos detenemos. Para ello, nos convertimos en espectadores de lo que hemos creído ser. Nos damos cuenta de la cantidad de energía que estamos derrochando en todo tipo de obligaciones creadas, trabajando en lo que no nos gusta, con horarios que nos despojan de la libertad, con jefes que odiamos o despreciamos, colaborando en la fabricación o en la venta de medicinas y alimentos que dañan la salud, sacrificándonos por una familia que nunca debimos crear... Entonces, comenzamos a sentir que estamos dominados por deseos parásitos, al creer que teniendo a tal persona o tal objeto o tal cantidad de dinero eso nos dará felicidad. Vamos de fiesta en fiesta, de vicio en vicio sin sentimos nunca satisfechos, torturados por rencores, por ideales inalcanzables, por tontas esperanzas. Algo en el fondo nos dice que es un engaño el creer que somos amados; y paladeando nuestro inmenso egoísmo, vemos de pronto el de los demás, nos sentimos abandonados, sin valores, acosados por innumerables miedos, principalmente por ese que nos dice que de golpe vamos a perderlo todo. Con disgusto, observamos el desfile de ideas locas que rellenan nuestra mente.
«Estoy cansado de definirme por medio de una profesión. Soy algo más que una etiqueta, que un diploma. Estoy cansado de las miradas que me inmovilizan y me empujan a situaciones que no son las mías. Estoy cansado de gastar mi energía en ganar mucho dinero. Por lo tanto, debo reducir mis actividades para llegar a mis verdaderas necesidades, haciendo exactamente lo que debo y quiero hacer, y no más. Nunca más me incrustaré en una oficina, en un matrimonio o en una casa que puedan convertirse en una cárcel».
Este nivel de vida puede ser comparado con una oruga, que da origen a una mariposa. Nos aislamos, nos encerramos en nosotros mismos. Luchando contra la cobardía, nos enfrentamos a nuestros sufrimientos, los desenterramos del inconsciente y, en lugar de huir de ellos, nos esforzamos por dejar de querer obtener lo imposible, lo que nunca nos dieron. Aprendemos a ser nuestra propia madre y nuestro propio padre, avanzamos hacia lo más profundo de nosotros hasta sentir el ignoto centro vital y aceptar bañamos en su manantial de amor: nos damos cuenta de que no habíamos amado porque no sabíamos amarnos. Entonces, nos encerramos el tiempo que sea necesario. Luchamos por zafamos de cualquier hábito, de cualquier repetición maniática. Cortamos los lazos que nos atan al pasado y también dejamos de proyectarnos en el futuro: pasamos a aceptar lo que somos en el instante.
Así lo ilustra un koan zen:
Un discípulo dice al Maestro:
-Soy una persona estúpida. Floto, me ahogo, floto, me ahogo, floto, me ahogo... ¿Cuándo me liberaré de este doloroso mundo? Flotar, ahogarse, flotar... ¡Qué difícil es vivir!
El Maestro no responde nada. El discípulo lo mira largo rato, espera y por fin le dice:
-¡Maestro! ¿Acaso no estoy aquí, frente a usted, preguntándole una cosa?
-¿Dónde estás ahora? ¿Flotando o ahogándote?
Si el discípulo, dejando de pensar si flota o se ahoga, o que sobrevive con dificultad o que le va muy mal, se comunicara realmente con el maestro, dejaría de tener problemas. Son problemas ilusorios: ni se está ahogando ni está flotando, es un diamante frente a otro diamante, es un Buda frente a otro, una perfección frente a otra. La diferencia entre ellos es que el maestro es consciente de que el ser humano es una obra milagrosa, y el discípulo no. Éste, en lugar de identificarse con su Yo esencial, se sumerge en los límites de su Yo personal. Cree que la realización se encuentra en el futuro. Se inventa una enorme angustia que no le permite entrar en el presente... Por eso el Maestro no le responde. Si el discípulo dice que está ahogándose y flotando sucesivamente, no está en la realidad sino en su mundo mental. En cambio, el Maestro está en la realidad, presente. Y ahí no hay nada que permita ahogarse o flotar. Ni océano, ni agua, ni angustia. Sólo paz.
Convertido en oruga, aislado en sí mismo, el buscador de la Verdad se dice: «Dios interior mío, he pasado gran parte de mi vida sin verte, sin quererte conocer, sin satisfacerte, maltratándote con mi negación. En lugar de desarrollar un árbol frondoso, encarcelé tu semilla. Ahora quiero encontrarte. Voy a desprenderme de máscaras y disfraces y aceptaré ser lo que soy. Abandonaré mi constante invención de proyectos para dedicarme sólo a eliminar obstáculos. Todo lo que seré, en potencia ya lo soy. Y eso que soy eres tú, Esencia mía. Guíame, soy de ti, tengo confianza en ti, eres mi felicidad». y entonces, el buscador, demoliendo los muros intelectuales, imagina lo que el Dios interior puede decirle: «¡Por fin has dejado de hablar en nombre de alguno de tus egos y te has decidido a imaginar que existo! Más aún, te has permitido darme la palabra, oír lo que puedo pensar aunque pensar no sea una actividad propia de mi ser, ya que no necesito cerebro y mucho menos un cuerpo. Pero aceptemos que la palabra es mi forma actual de manifestación y veamos desde mi eternidad e infinitud qué es eso que tú quieres llamar realidad.
Antes que nada debo decirte que no esperes de mí ni un sentimiento ni un deseo ni una necesidad, son reacciones que se dan en un nivel que no me corresponde. Tampoco busques en mí impureza alguna: soy lo que soy en toda la manifestación de mi ser, no puedo ser juzgado en términos de espacio y tiempo. Para hablar contigo debo adaptarme a tus límites (ya pronunciar una palabra es mentir) y darte la energía suficiente para que abras el capullo en que te has envuelto, entregado a la transformación que significa salir de la imagen de ti mismo y ponerte en mi lugar, es decir, aceptar hablar en nombre de tu potencia superior. No es un simple juego. En todo momento puedes hacerlo. Aprende en las situaciones difíciles a ponerte en mi lugar. No eres tú quien dice humildemente “Soy de ti, tengo confianza en ti, eres mi felicidad”. Escucha el inmenso amor con que me entrego a ti, porque soy de ti. Siente la ilimitada fe con que sostengo tu realización, porque tengo confianza en ti. Tu realización es mi felicidad. Aceptarme no es desaparecer, es integrarte en la unidad creadora. Si tratas de definirme caes en la trampa de la razón. Impensable, no soy ni el Cuerpo, ni el Alma, ni el Espíritu. No soy el oído, ni el gusto, ni el olfato, ni la vista, ni el tacto. No soy el agua, ni la tierra, ni el fuego, ni el aire. No soy el soplo vital ni ninguna parte de tu organismo. No siento aversión, ni atracción, ni avidez, ni confusión. No siento orgullo ni envidia. No tengo obligaciones, ni intereses, ni deseos, ni necesidades de liberación. Para mí no existen ni las buenas acciones, ni los pecados, ni el placer, ni el sufrimiento. Tampoco existen las plegarias, ni los lugares santos, ni las escrituras sagradas, ni los ritos. No soy el goce, ni el objeto ni el agente del goce. No conozco la muerte, ni la duda, ni las discriminaciones. Sin padre ni madre, nunca he nacido. No tengo amigos, ni parientes, ni maestros, ni discípulos. Soy sin determinante y sin forma. Omnipresente, no conozco ni la liberación ni la servidumbre. Sólo soy Felicidad pura».
Una madre está muy preocupada porque su hijo Abraham no ha regresado del colegio. Lleva ya media hora de retraso. Por fin, aparece. Su madre le dice:
-¿Por qué llegas con media hora de retraso? ¿Es que el rabino te ha dado una clase de hebreo más larga?
-No, no fue eso. En la calle me entretuvo una señora que había perdido una moneda.
-Ah, ahora comprendo... Eres tan bueno que te quedaste media hora ayudándola a encontrar su dinero.
-No fue así. Me quedé inmóvil durante media hora. Esperé que ella se cansase y se fuera, porque la moneda la tenía yo bajo mi pie.
Esa moneda puede simbolizar la unidad. El niño (nuestro Yo superior) pone su pie (su atención) en la moneda (la unidad) y se queda inmóvil (medita). Suceda lo que suceda, estamos ahí (en el presente) esperando a que la dama (los obstáculos del deseo) desaparezca. Estamos concentrados en nosotros mismos, sin ceder, sin desalentarnos. Cuando aquello que no somos se ha esfumado, cosechamos nuestra riqueza interior.

martes, 3 de enero de 2017

FEED BACK EN LAS RELACIONES COTIDIANAS

LAS RELACIONES COMO PRÁCTICA ESPIRITUAL


 

Como los seres humanos nos hemos ido identificando progresivamente con la mente, la mayoría de las relaciones no tienen sus raíces en el Ser, y por eso se convierten en fuente de dolor, dominadas por problemas y conflictos.
Si las relaciones energetizan y expanden los patrones mentales del ego y activan el cuerpo-dolor, tal como ocurre actualmente, ¿por qué no aceptar este hecho en lugar de intentar huir de él? ¿Por qué no cooperar con él en lugar de evitar las relaciones o de seguir persiguiendo el fantasma de una pareja ideal que sea la respuesta a todos tus problemas o el complemento que te haga sentirte realizado?
El reconocimiento y la aceptación de los hechos te permite cierta libertad respecto a ellos.
Por ejemplo, cuando sabes que hay desarmonía y lo tienes presente, ese mismo hecho constituye un factor nuevo que no permitirá que la desarmonía se mantenga invariable.
CUANDO SABES QUE NO ESTÁS EN PAZ, ese conocimiento crea un espacio tranquilo que envuelve tu falta de paz en un abrazo amoroso y tierno, y después transmuta en paz la ausencia de paz.
No hay nada que puedas hacer respecto de tu transformación interna. No puedes transformarte a ti mismo y, ciertamente, no puedes transformar a tu pareja ni a ninguna otra persona. Lo único que puedes hacer es crear un espacio para que ocurra la transformación, para que entren la gracia y el amor en tu vida.
De modo que cuando veas que tu relación no funciona, cuando haga asomar tu «locura» y la de tu pareja, alégrate. Lo que era inconsciente está saliendo a la luz. Es una oportunidad de salvación.
REGISTRA CADA MOMENTO, registra en especial tu estado interno en cada momento. Si estás enfadado, debes saber que estás enfadado. Si te sientes celoso, si estás a la defensiva, si sientes el impulso de discutir, la necesidad de tener razón, si tu niño interno pide amor y atención o si sientes dolor emocional del tipo que sea, conoce la realidad de ese momento y registra ese conocimiento.
Entonces la relación se convierte en tu sadhana, tu práctica espiritual. Si observas un comportamiento inconsciente en tu pareja, rodéalo con el abrazo amoroso de tu conocimiento y no reacciones.
La inconsciencia y el conocimiento no pueden coexistir durante mucho tiempo, aunque el conocimiento no esté en la persona que actúa inconscientemente, sino en la otra. A la forma energética que reside detrás de la hostilidad y el ataque, la presencia del amor le resulta absolutamente intolerable. Si reaccionas a la inconsciencia de tu pareja, tú mismo caes en la inconsciencia. Pero si a continuación recuerdas que has de conocer y registrar tu reacción, no se pierde nada.
Las relaciones nunca habían sido tan problemáticas y conflictivas como ahora. Como tal vez hayas percibido, su finalidad no es hacerte feliz o satisfacerte. Si sigues intentando alcanzar la salvación a través de una relación, te sentirás desilusionado una y otra vez. Pero si aceptas que la finalidad de las relaciones es hacerte consciente en lugar de hacerte feliz, entonces te ofrecerán salvación, y te habrás alineado con la conciencia superior que quiere nacer en el mundo.
Para quienes se aferren a los viejos patrones, cada vez habrá más dolor, violencia, confusión y locura.
¿Cuántas personas se requieren para hacer de tu vida una práctica espiritual? No te preocupes si tu pareja no quiere cooperar. La cordura —la conciencia— sólo puede llegar al mundo a través de ti. No tienes que esperar a que el mundo se vuelva cuerdo, o a que otra persona se vuelva consciente, para iluminarte. Podrías esperar eternamente.

No os acuséis mutuamente de ser inconscientes. En el momento en que empiezas a discutir, té has identificado con una posición mental, y junto con esa posición estás defendiendo tu sentido de identidad. Entonces el ego se pone al mando. Estás siendo inconsciente. En ocasiones, puede ser apropiado que señales a tu pareja ciertos aspectos de su comportamiento. Si estás muy alerta, muy presente, podrás hacerlo sin que el ego se inmiscuya, sin culpar, acusar ni decir al otro que está equivocado.

Cuando tu compañero o compañera se comporte inconscientemente, renuncia a juzgarle. El juicio sólo sirve para confundir el comportamiento inconsciente de la otra persona con su identidad real o para proyectar tu propia inconsciencia en la otra persona y confundir tu proyección con su identidad.
Esta renuncia a juzgar no implica que no reconozcas la disfunción y la inconsciencia cuando las veas. Significa «ser el conocimiento» en lugar de «ser la reacción» y el juez. Entonces te liberarás totalmente de la necesidad de reaccionar, o reaccionarás conservando el conocimiento, el espacio en el que la reacción puede ser observada y se le permite ser. En lugar de luchar en la oscuridad, pones luz. En lugar de reaccionar a la ilusión, eres capaz de verla y de traspasarla.
Ser el conocimiento crea un espacio claro de presencia amorosa que permite a todas las personas y cosas ser como son. No hay mayor catalizador de la transformación. Si haces de esto tu práctica, tu pareja no podrá seguir a tu lado y continuar siendo inconsciente.
Si los dos llegáis al acuerdo de que la relación va a ser vuestra práctica espiritual, tanto mejor. Entonces podréis expresar vuestros pensamientos, sentimientos o reacciones en cuanto se produzcan, de modo que no crearéis un desfase temporal que pudiera agriar una emoción no reconocida ni expresada.
APRENDE A EXPRESAR lo que sientes sin culpar.
Aprende a escuchar a tu pareja de manera abierta, sin ponerte a la defensiva.
Dale espacio para expresarse. Mantente presente. Acusar, defenderse, atacar..., todos los patrones diseñados para fortalecer o proteger el ego, o para satisfacer sus necesidades, están de más. Es vital dar espacio a los demás y también dártelo a ti mismo. El amor no puede florecer sin espacio.
Cuando hayas resuelto los dos factores que destruyen las relaciones, es decir, cuando hayas transmutado el cuerpo-dolor y dejes de identificarte con la mente y las posiciones mentales —y siempre que tu pareja haya hecho lo mismo—, experimentarás la dicha del florecer de una relación. En lugar de reflejaros mutuamente el dolor y la inconsciencia, en lugar de satisfacer vuestras mutuas necesidades egocéntricas, os reflejaréis el amor que sentís en vuestro interior, el amor que acompaña a la toma de conciencia de vuestra unidad con todo lo que es.
Ése es el amor que no tiene opuesto.
Si tu pareja sigue estando identificada con la mente y el cuerpo-dolor, y tú ya te has liberado, esto representará un gran reto, pero no para ti, sino para tu pareja. No es fácil vivir con una persona iluminada o, más bien, es tan fácil que el ego se siente amenazado.
Recuerda que el ego necesita problemas, conflictos y «enemigos» que fortalezcan su sensación de separación, de la que depende su identidad. La mente no iluminada de tu pareja se sentirá muy frustrada porque no te resistes a sus posiciones mentales fijas, lo que significa que se irán debilitando y temblarán, e incluso existe el «peligro» de que se derrumben, produciendo una pérdida de identidad.
El cuerpo-dolor está pidiendo feedback y no lo está obteniendo. La necesidad de argumentar, dramatizar y estar en conflicto no está siendo satisfecha.

RENUNCIA A LA RELACIÓN CONTIGO MISMO


Iluminado o no, sigues siendo un hombre o una mujer, de modo que en lo relativo a tu identidad en la forma sigues estando incompleto. Eres la mitad de un todo. Esta falta de totalidad se siente como atracción hombre-mujer, el tirón hacia la energía de la polaridad opuesta, por muy consciente que seas. Pero, en el estado de conexión interna, sientes ese tirón en la superficie o en la periferia de tu vida.
Esto no significa que no te relaciones profundamente con los demás o con tu pareja. De hecho, sólo puedes relacionarte profundamente si eres consciente de Ser. Viniendo del Ser, eres capaz de concentrar la atención más allá del velo de la forma. En el Ser, hombre y mujer son uno. Puede que tu forma siga teniendo ciertas necesidades, pero el Ser no tiene ninguna. Ya es completo y total. Si esas necesidades se satisfacen, es muy hermoso, pero no supone ninguna diferencia para tu estado interno profundo.
Por eso es perfectamente posible que una persona iluminada, si no satisface la necesidad de una polaridad masculina o femenina, sienta que le falta algo o que está incompleta en el nivel externo de su ser, y al mismo tiempo puede estar totalmente completa, satisfecha y en paz por dentro.
Si no puedes sentirte a gusto cuando estás solo, buscarás una relación para remediar tu inquietud. Puedes estar seguro de que la incomodidad reaparecerá bajo otra forma dentro de la relación, y probablemente pensarás que tu pareja es responsable de ello.

LO ÚNICO QUE TIENES QUE HACER ES ACEPTAR PLENAMENTE ESTE MOMENTO.


Entonces puedes estar cómodo en el aquí y ahora, y a gusto contigo mismo.
Pero ¿necesitas tener una relación contigo mismo? ¿Por qué no puedes simplemente ser tú mismo? Para tener una relación contigo mismo te divides en dos: «yo» y «mí mismo», sujeto y objeto. Esta dualidad mental es la causa fundamental de toda la complejidad innecesaria, de todos los problemas y conflictos de tu vida.
En el estado de iluminación, tú eres tú mismo: «tú» y «tú mismo» se funden en uno. No te juzgas, ni sientes pena por ti, ni te sientes orgulloso de ti, ni te quieres, ni te odias, etc. La división causada por la conciencia auto-reflexiva queda sanada, la maldición desaparece. Ya no hay un «yo» que tengas que proteger, defender o alimentar.
Cuando estás iluminado, hay una relación que dejas de tener: la relación contigo mismo. Una vez que has renunciado a ella, todas las demás relaciones serán relaciones de amor.

2017 TE DESEO



Te deseo que te conozcas a ti mismo, porque una persona que sabe quién es puede distinguir fácilmente lo real de lo irreal.
Te deseo que aprendas a ser feliz en soledad, para que la compañía sea una consecuencia, y no una necesidad.
Te deseo que tus sueños, poco a poco, se vuelvan más grandes que tus miedos.
Te deseo que la vida te dé el doble de todo lo que le das.
Te deseo amigos que respeten tus distancias y silencios, y enemigos justos, que te enseñen tanto o más que la amistad.
Te deseo que puedas estar triste sin estar triste por ello, que puedas ser feliz estando feliz por ello.
Te deseo que aprendas a comunicarte sin obligación de utilizar el celular, que aprendas a mirar a los ojos, a tomar de la mano, que aprendas a abrazar a los demás y también a dejarte abrazar.
Te deseo que no necesites tanto la televisión y en cambio, salgas a mirar la noche, la luna, las estrellas.
No te deseo paz, porque la paz no se desea, se construye.
Te deseo un cielo limpísimo de nubes, para que cada vez que llueva salgas al patio a bailar.
No te deseo amor, porque amor es lo que eres, te deseo que hagas lo imposible por derribar los muros, quitar los velos y romper las barreras que te impiden darte cuenta de esta tácita verdad.
Te deseo que acaricies un gato, un perro, que oigas el canto de un ave, porque si haces esto te sentirás bien por nada, y por todo.
Te deseo que el tiempo que tardas en recordar sea exactamente el mismo que te tardes en olvidar.
Te deseo que comprendas que lo importante no es lo que te sucede, sino lo que haces con aquello que te sucede.
Te deseo, sobre todas las cosas, que aprendas la importancia de ser paciente y meditar.
Te deseo que no vivas para que tu presencia se note, sino para que tu falta se sienta.
Te deseo que no envejezcas, y que enloquezcas, que nunca, jamás, te enfermes de seriedad. Y que no juzgues a las personas, porque si juzgas no puedes ser libre, porque además, detrás de cada rostro se esconde una historia indecible, que tú, ciertamente, no alcanzas a entender.
Te deseo poesía, y que conozcas mucha, mucha gente nueva.
Te deseo, también, un poquito de tristeza, y que si lloras, lo hagas sin pena ni culpa, pues con la sal de las lágrimas las heridas se curan, y el alma, despacito, vuelve otra vez a respirar.
Te deseo que administres correctamente el dinero que has conseguido, y que sepas compartirlo desde tu ser con los demás.
Te deseo que encuentres al amor de tu vida, en especial cuando miras al espejo, y no por narcisismo, sino porque eres tú la única persona que durante toda tu vida te va a acompañar.
Si todo esto sucede, no tengo nada más que desearte. Solamente que sigas siempre hacia adelante, porque lo que ha pasado, ya pasó, lo que ha quedado atrás, ya no existe, ya no está...

miércoles, 28 de diciembre de 2016

¿QUIEN SERA ESE HOMBRE?? WHERE IS MY GOD GENTLEMEN?



El indicado

¿Quien es el indicado? 

El llegara a ti ocultando con una sonrisa las ganas de llevarte a la cama, te ofrecerá el mundo que no tiene y te inventara maravillas, galaxias, promesas, libros, citas perfectas, noches eternas, poemas maravillosos, cogidas inolvidables, su vida, y quizá sea cierto y quiera la eternidad que te ofrece con sus indiferentes halagos e ilusiones que abren puertas a la felicidad, pero... ¿cual felicidad? ¿La tuya o la de el?

Yo no quiero ser el indicado, no quiero jurarte amor a costa de mi felicidad, quizá nunca llegue a serlo, a penas podre hablarte cuando te tenga en frente; soy un poco torpe en ocasiones y me olvido de ser un hombre, por ser el niño que tiene todo lo que ha deseado. A veces ni para mi mismo tengo tiempo; discutiremos por cualquier cosa y a veces ni la ganas de discutir tendremos. No soy el hombre de tu vida y quizá ni los mejores polvos de tu cama; pero así soy, un eterno problema que compite con el desprecio y la soledad para ver quien tiene protagonismo, en el sadismo que guardo en mis propios pensamientos.

El indicado no te dirá la verdad por temor a que te duela, eres la luz de sus ojos y eso le hará mentirte. Siempre querrá verte hermosa y nunca se preocupara por aquellas cosas que no trascienden. Yo no puedo ser tan absurdo y vació en mis instantes de grandeza que tendré a tu lado, yo no me enamore de tus curvas perfectas, me enamore de los gestos arrogantes que ni si quiera te percatas cuando los haces, de las ojeras que se formaran por quedarnos hasta tarde jugando a querernos sin tocarnos, de las ansias de hacerte el amor cuando estemos desnudos y aun así querer esperar una noche mas, para alimentar el deseo, de la cicatriz que casi nadie conoce, del tatuaje que no tienes pero anhelas hacerte, de cuando amaneces despeinada y con los ojos hinchados, de cuando te sientes estresada por aumentar unos kilos de mas, muchos kilos de mas. Yo no quiero evitar decirte cuando algo te queda mal, no quiero que seas solo mía.

Yo no puedo fantasear con que no nos duela el amor, que no nos duela estar juntos. Yo quiero hacerte daño, yo quiero sufrir por ti y que sufras por mi, que llores cuando pierda el trabajo, que te burles cuando caiga por las escaleras, que te sientas triste cuando creas que me estoy alejando, quiero molestarme contigo y experimentar lo bueno y lo extraordinario, lo oscuro y perverso, la libertad y la cárcel, lo malo y las desgracias.

Yo no quiero ser el hombre indicado para ti, ese que tus padres te pintaron cuando eras niña, ese que solo le importas tu, no quiero solo importarte yo, quiero ayudarte a soñar y a perseguir tus sueños, y que tu sostengas mis fracasos mientras sigo intentando cumplir los míos, no quiero que finjas un orgasmo para hacerme sentir bien, quiero verte en el baño y hablarte sin importar la vergüenza. Quiero llegar ebrio a casa y que te tomes la libertad de regañarme, de gritarme, yo no quiero tu felicidad ni la mía, quiero nuestra felicidad.



domingo, 25 de diciembre de 2016

CELEBRACION



CELEBRACION

¿Te has preguntado alguna vez por qué en todo el mundo, en cada cultura y en cada sociedad, hay unos pocos días al año des­tinados a la celebración?

Esos días de celebración son tan sólo una compensación, pues dichas sociedades han eliminado toda celebración de tu vida; pero si no te ofrecen nada en compensación, tu vida puede convertirse en un peligro para la cultura.


Toda cultura tiene que darte alguna compensación para que no te sien­tas abocado al sufrimiento y la tristeza; pero tales compensacio­nes son falsas.

Los petardos y las luces no consiguen hacer que disfrutes. Sólo son para los niños; para ti son nada más que una molestia, mientras que en tu mundo interior puede haber un festival ininterrumpido de luces, canciones y placeres.

No olvides nunca que la sociedad te compensa cuando le pa­rece que lo reprimido puede estallar en una situación peligrosa si no es compensado. La sociedad encuentra un modo u otro de per­mitirte que dejes salir lo reprimido, pero eso no es verdadera ce­lebración, por lo que no puede ser auténtica.

La verdadera celebración emana de tu vida, está en tu vida y no puede ajustarse a ningún calendario; como que tengas que ce­lebrar el primero de noviembre.

Es curioso: eres desdichado todo el año y, de pronto, dejas de sufrir y te po­nes a bailar.

O el sufrimiento era falso o lo es el primero de Noviembre ; ambos no pueden ser auténticos. Y una vez que ha pa­sado el primero de Noviembre, vuelves a tu agujero negro: cada cual con su sufrimiento; cada cual con su ansiedad.

La vida ha de ser una celebración continua; un festival de lu­ces durante todo el año.

OSHO

sábado, 24 de diciembre de 2016

ABRE LA PUERTA

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Todo en la vida es una decisión, la vida misma es una decisión de varias decisiones: la decisión de tus padres (cualesquiera que haya sido la razón o circunstancia) para pro crearte, la decisión de un esperma que no se rindió y le ganó a todos, la decisión del universo para que en los saltos cuánticos tuvieras el turno de existencia, y sobre todo, la decisión de un Dios, con el nombre que quieras nombrarlo, a que aquí y ahora estés leyendo esto...
El mundo es una trampa de puertas, una casa enorme donde habitamos tú y yo, donde cada uno elige el rincón desde donde inicia sus aventuras o aquellos que jamás se atreven a salir de ese rincón amando más lo que son que todo aquello que pueden ser, acostumbrados a la vida "como sea", sin ambición, sin sueños, mordiéndose las uñas y con miedo hasta de ellos mismos...
Pero hay otros que van de puerta en puerta, abriendo caminos distintos, siguiendo senderos que nadie pisa, que nadie ve o que nadie imagina... Son seres extraños, llenos de una luz mágica en los ojos, personas de pies descalzos, cabellos desordenados y sonrisa gratis; son personas que miran luces en el cielo, fuego en las almas, gente que te abraza y te espanta los miedos. Son personas que con dos palabras resumen tu vida, y con su silencio te regalan paz...
Estos seres han viajado de puerta en puerta: han errado caminos, han conocido melodías que nadie ha escrito y disfrutan de danzas sin ritmo, escritura en la arena y cuentan las estrellas...
Elige tu puerta: levántate de ese lugar que huele a todo menos a vida; elige esa puerta que te saque de dónde estás desde hace años, con días grises, realidad inerte, voces aprendidas, verdades rancias y lágrimas secas. ¡Levántate! Toma la decisión que hasta hoy tienes amordazada con amenazas de error, con chantajes de opiniones infundadas. Elige tu puerta, la que te libera de una jaula donde ni siquiera hay puerta: sal de esa persona que no te valora, sal de ese trabajo que te da de comer pero roba la vida, se alimenta de tus sueños; sal de ese pretexto usado que ya sólo tú sigues creyendo para dejar de lado tus metas, arriesgarte a vivir una vida de decisiones propias, una vida que lleve tu nombre, llena de ti, donde dejes de ser "bueno" para los demás y comiences a ser real para ti mismo...
Elige tu puerta, rompe esa ventana que no te deja ver más mundo, más de ti mismo... Sal de ese encierro voluntario en donde te funciona ser víctima, dar lástima, comprar cariño y mendigarlo, donde tus aspiraciones de libertad llegan sólo a ser lo que el mundo dicta y no lo que universo desea desde tus entrañas...
Ya no hay tiempo... ¡Basta! Elige tu puerta, sé esa llave que no encuentras y que un día dejaste de buscar...
Elige tu puerta y cuando salgas de ahí, mira hacia atrás y sonríe cuando mires que si bien había puertas, muchas puertas y no sabías por cuál decidir; sólo eran puertas, jamás hubo muros...
¡Elige tu puerta!